Quiero ser un Rothko

“Vivir no es sólo existir, sino existir y crear, saber gozar y sufrir, y no dormir sin soñar. Descansar, es empezar a morir.” Gregorio Marañón

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¿Sabéis esos sentimientos que te ciegan, literalmente? ¿Esos que impiden que los ojos enfoquen y que no veas más que un conjunto de manchas sin sentido delante tuyo? Donde las líneas no existen y todo son cuerpos que flotan sin más. Como cuando las lágrimas saltan y nublan tu visión por la ira, el dolor, el éxtasis o el amor. Los colores se mezclan unos con otros, se pierde el horizonte y te pones en tensión.

Se trata de la tormenta.

Esa tormenta siempre precedida por la calma, la sequía y la tranquilidad. El descanso, según Marañón. Sin lluvia hay sequía, y cuando llueve en exceso llega la inundación.

Es bien sabido que en el equilibrio se encuentra la virtud. En mi opinión, sin embargo, el equilibrio puede llegar a resultar aburrido.

white-center-rothkoA veces es necesario que te caiga un rayo en casa. Y que la haga pedazos para reconstruirla y levantar una con materiales nuevos, mucho más resistentes, donde los muebles antiguos encajen en perfecta sintonía con los nuevos.

La clave está en saber encajar esos golpes y que formen parte de ti y de tu armonía, exactamente igual que hace el azul central en N. 61 (Rothko, 1953). Se trata de la tensión, tonos que rompen con la paz que emanan el resto de colores. Y sin embargo, no nos chirrían a la vista, ni siquiera el rosa sobre rojo de White Center (Rothko, 1950).

La tensión y el equilibrio se complementan creando un todo perfecto. Se funden e inspiran seguridad, tanta que no es necesario un título descriptivo, hablan por sí solos. No necesitan la ayuda de nadie, son completamente independientes.

Independientes y seguros. Así son los cuadros de Rothko. Son capaces de encajar todos los golpes que les asesten, de absorber la inestabilidad producida y volverse más fuertes y más bellos, más completos y perfectos. ¿Rosa y rojo, patada en el ojo? Rothko los funde elegantemente, del problema surge su fortaleza.

Son un ejemplo de vida, un ejemplo de cómo sobrellevar todo aquello que pasa, tanto bueno como malo, de digerirlo e incluirlo en nuestro equilibrio personal y que nos vaya perfeccionando como seres humanos.

Quiero ser un Rothko, sí. Y todos deberíamos querer serlo. Ser independientes y seguros. Que ningún título, nada ni nadie nos complemente y que podamos encajar todo aquello que nos ocurra, donde la tensión tenga cabida pero cuya única función sea convertirnos en seres más bellos. Que nuestra vida sea existir, crear, gozar, sufrir, dormir, soñar e incluso descansar.

 


Imagen destacada e imagen interior 1: Number 61, Mark Rothko, 1953

Imagen interior 2: White Center, Mark Rothko, 1950


Puedes encontrar obras de este artista en España en:

Museo Thyssen (Madrid)

Museo Reina Sofía (Madrid)

Museo Guggenheim Bilbao (Bilbao)

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